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Elena Hoyos, la novia cadáver

posted by pixelskaya Octubre 6, 2015 3 Comments

Elena Hoyos Life & Death

 

El Doctor Carl Tanzler, o Conde Carl Von Cosel era un hombre curioso. En primer lugar porque no está tan claro que fuera Doctor, y comprobado que no era Conde. En segundo lugar, porque mantuvo una relación de siete años con una mujer sin ella saberlo. Pero empecemos por el principio.

 

Carl Tanzler

Hola.

 

Cuando Karl Tänzler (otro de sus nombres, éste el original) llegó a Florida emigrando de Alemania, no llevaba mucho consigo, o al menos no mucho tangible. Por no llevar, no llevaba ni a su esposa e hijas. Pero sí nueve supuestos títulos en Medicina, y un pasado como Capitán de un submarino (también supuesto). Ello sumado a una imaginación desbordante, vocación de inventor disparatado, y el recuerdo de una serie de apariciones recurrentes: su antepasada Anna Constantia von Cosel (1680-1765) mostrándole el rostro de “su verdadero amor”.

Presuponemos que la mujer que presagiaban sus apariciones no se parecía en nada a la Señora Tanzler, ya que al poco de llegar ésta a Estados Unidos, el matrimonio se separó. Carl empezó a llevar una vida solitaria, trabajando como radiólogo en el Hospital de la Marina de Key West.

Pero en la mañana del 22 de abril de 1930, con 53 años recién cumplidos, su vida cambió para siempre. Su verdadero amor, el rostro de las visiones, entró en la consulta del hospital en la persona de María Elena Milagro de Hoyos, una belleza cubano-americana de 21 años con los primeros síntomas de la tuberculosis que se estaba cebando con su familia.

 

Elena Hoyos

… hola.

 

El flechazo de Tanzler fue instantáneo, y a partir de ese momento, curar a Elena se convirtió en su única obsesión. La familia Hoyos, desesperada, aceptó sus atenciones, y pronto el hogar familiar se llenó de aparatos y medicamentos, además de joyas, ropa y demás regalos de enamorado para la joven enferma, que no correspondía sus sentimientos.

Como solía ocurrir en la época, la tuberculosis finalmente se llevó a Elena el 25 de octubre de 1931. Tanzler, destrozado, no sólo asumió los costes del entierro, sino que construyó un mausoleo con el permiso de la familia Hoyos, y empezó a visitar la tumba de su verdadero amor todas las noches. Según relató años después, Elena se le aparecía en estas visitas nocturnas, le hablaba de amor y le pedía que se la llevase de allí. Tanzler sólo podía obedecer. Seis meses después del entierro, la pareja empezaba su vida en común.

 

Elena Milagro Hoyos mausoleum

Lugar de descanso eterno (6 meses) de Elena Hoyos.

 

Aunque no parece que Tanzler fuera un tipo escrupuloso, la descomposición de la bella Elena constituía un serio problema para la convivencia, así que se puso manos a la obra para devolverle su esplendor. Unió los huesos entre sí con alambre y perchas, y fue sustituyendo la piel podrida con seda impregnada en cera y escayola. Le redibujó cuidadosamente los rasgos, sustituyó los ojos marchitos por unos de cristal, brillantes y vivos, y confeccionó una peluca con pelo de la propia Elena, guardado por su madre y entregado a Tanzler, ese buen amigo de la familia.

 

María Elena de Hoyos

Igualita

 

Para mantener la forma del cuerpo, rellenó las cavidades abdominal y torácica con trapos, lo perfumó y desinfectó copiosamente, y lo vistió de arriba abajo con medias, guantes y joyas. De esta guisa, Elena pasó los siguientes siete años en la cama de Tanzler.

 

Elena Hoyos corpse

Sí, me temo que son reales.

 

La felicidad de la pareja se vio interrumpida en 1940, cuando Florinda, la hermana de Elena, ordenó que se investigase el mausoleo alertada por rumores y por el hecho de que el enamorado ya nunca visitase la tumba que mandó construir. Al no encontrar el cuerpo, se presentó en casa de Tanzler, que no opuso resistencia alguna a mostrarle orgulloso su novia cadáver.

La policía se llevó a Elena para practicarle la autopsia. El caso tuvo una atracción mediática enorme, y Tanzler se convirtió en un personaje simpático para el público, un pobre romántico. Treinta años después, dos médicos que inspeccionaron el cuerpo aseguraron que Tanzler le había reconstruido la vagina con un tubo para poder mantener relaciones sexuales. No existen pruebas gráficas al respecto, por lo que siempre quedará la duda de si este detalle escabroso era cierto y se quiso ocultar al público, o si fue una concesión al morbo.

Tanzler fue declarado mentalmente competente para enfrentarse a un juicio, pero el delito ya había prescrito. La familia Hoyos tuvo que conformarse con volver a enterrar a Elena en una tumba secreta sin nombre, no sin que antes desfilasen 6.800 personas por la funeraria para contemplarla.

¿Y qué fue de Carl después de todo esto? ¿Se resignó por fin a vivir separado de Elena? Seguro que os imagináis la respuesta. Usando una máscara mortuoria hecha a la joven al poco de morir, se construyó una efigie de tamaño real junto a la que vivió hasta su muerte (esta vez la de él), en 1952.

 

Carl Tanzler death mask

#instacouple

 

Si tras leer esto os lamentáis porque el romanticismo-bricolage-necrófilo ha muerto, no desesperéis. Anatoly Moskvin, un historiador ruso de 45 años, tomó el relevo hace poco cuando en 2011 se descubrió que vivía con los cadáveres momificados, maquillados y vestidos de 29 niñas cuyos cuerpos había sustraído de varios cementerios a lo largo de los años. Celebraba sus cumpleaños con ellas, y según declaró a la policía, estaba “esperando a que la ciencia encontrase la manera de revivirlas”.

 

Anatoly Moskvin

Detalle de una de las”muñecas” de Moskvin

 

Anatoly no tuvo la misma suerte que Carl, ni cayó tan simpático, y vive ingresado en un hospital psiquiátrico soñando con el día en que ninguna niña bonita tenga que morir.

 

Carl Tanzler and Elena Hoyos

Carl ♥ Elena

 

Pixel Art: Elena como una bella paciente de Life & Death (1988)

 

CrimenEstados Unidos

H. H. Holmes, el verdadero Jigsaw

posted by pixelskaya Agosto 16, 2015 3 Comments

Maniac Mansion H H Holmes by Maya Pixelskaya

 

Más de un siglo antes de que la saga Saw deleitase a los millenials con mil y un elaboradas y creativas maneras de matar, un verdadero Jigsaw ya la andaba liando por Estados Unidos.

Hablamos de Herman Webster Mudgett (1861 – 1896), más conocido por el falso nombre de Doctor Henry Howard Holmes, o simplemente H. H. Holmes, que ha pasado a la historia como el primer asesino en serie norteamericano. Al mismo tiempo que Jack el Destripador aterrorizaba Londres, al otro lado del Atlántico Holmes empleaba una metodología más sofisticada, ya que en lugar de mancharse las manos asesinando él mismo, construyó un edificio de tres plantas que lo hacía por él. Pero empecemos por el principio.

 

Herman Webster Mudgett

Herman Webster Mudgett

 

Desde muy pequeño, Holmes se sintió atraído por la medicina y la cirugía, aunque de una manera un tanto particular. Mientras estudiaba en la Universidad de Michigan, se dedicaba a robar cadáveres del laboratorio y a desfigurarlos. Una vez irreconocibles, los presentaba ante las compañías de seguros como los “accidentados” beneficiarios de pólizas que él mismo había contratado previamente.

Tras acabar los estudios, dejó a su mujer y a su hijo para marcharse a Chicago a iniciar una carrera laboral en el campo farmacéutico. Allí se casó con otra mujer, que no fue la última, ya que este polígamo llegó a estar casado con tres mujeres simultáneamente (sin saberlo ninguna de ellas).

Tras unos años trabajando en una farmacia, y tras timar y probablemente, asesinar a la anciana propietaria para quedarse con el establecimiento, Holmes compró una parcela de terreno e inició la construcción de su ambicioso proyecto: un edificio de tres plantas al que llamó “Hotel Exposición Universal”, inaugurado a tiempo para el importante evento del mismo nombre que se celebró en Chicago en 1893.

El "Castillo" de H. H. Holmes

El “Castillo” de H. H. Holmes

 

El Castillo, como pronto bautizaron los vecinos al hotel, fue diseñado enteramente por Holmes, que despedía a los obreros a la semana de trabajo para que ninguno tuviera una idea exacta de la estructura del edificio. La primera planta albergaba una farmacia regentada por él mismo y otras tiendas, pero las otras dos, el hotel propiamente dicho, estaban llenas de misterios: escaleras que no llevaban a ninguna parte, puertas que daban a muros de ladrillo, trampillas… Y por supuesto, dormitorios.

Las 71 habitaciones, casi todas sin ventanas, estaban insonorizadas, sólo se podían cerrar desde fuera, y disponían de conductos de gas que Holmes controlaba desde su dormitorio para asfixiar a sus huéspedes. El Castillo disponía también de estancias especiales como una sala revestida de hierro donde sus víctimas eran incineradas vivas, o una enorme caja fuerte donde las encerraba hasta morir.

El Castillo de H. H. Holmes en publicaciones de la época

El Castillo de H. H. Holmes en publicaciones de la época

 

Una rampa engrasada enviaba los cuerpos directamente al sótano, donde algunos de ellos eran diseccionados y limpiados, y después vendidos a escuelas médicas. El resto eran disueltos en cal o incinerados.

Así pasaron varios años en el Castillo. Algunas de las víctimas de Holmes fueron sus propias empleadas, a las que obligaba a contratar seguros de vida como condición indispensable para trabajar allí (él pagaba las cuotas, pero también era el beneficiario). Muchas otras fueron sus numerosas amantes, y se desconoce el número exacto de turistas que acudieron a la Exposición Universal de Chicago y no volvieron a sus casas por alojarse en el terrible hotel.

Plano de la segunda planta

Plano de la segunda planta

 

Cuando los acreedores empezaron a agobiarle demasiado, Holmes dejó Chicago y comenzó a moverse por Estados Unidos, estafando y matando. Junto a un cómplice habitual, Benjamin Pitezel, y con la colaboración de la esposa de éste, ideó un plan para ganar dinero fácil recurriendo una vez más a los seguros. Pitezel contrataría un jugoso seguro de vida a su nombre, y Holmes presentaría un cadáver desfigurado e irreconocible para cobrar el dinero. Pero Holmes seguía su propia agenda, y eligiendo la vía sencilla, mató a Pitezel y cobró el seguro usando el verdadero cadáver. También asesinó a los hijos de éste, porque why not?

Benjamin Pitezel

Benjamin Pitezel

 

Pero curiosamente, la caída de H. H. Holmes en manos de la justicia nada tuvo que ver con sus múltiples asesinatos. Un ex socio que no había recibido su parte de las estafas alertó a la policía y Holmes fue arrestado. Aunque en un principio sólo pesaban sobre él los cargos de fraude, la investigación sobre el paradero de los hijos de Pitezel y el consiguiente descubrimiento de los cadáveres llevaron a los investigadores a seguir los pasos del asesino hasta adentrarse en su obra maestra, el Castillo. En el sótano del edificio encontraron incontables huesos humanos, una mesa de disección cubierta de sangre seca, y ropa y pelo de las víctimas. Poco antes del juicio, el Castillo ardió hasta los cimientos de manera misteriosa.

H. H. Holmes fue ahorcado el 7 de mayo de 1896 por el asesinato de Benjamin Pitezel. ¿Su última voluntad? Que su féretro fuera llenado de cemento y enterrado a tres metros de profundidad, para que nadie robase y diseccionase su cadáver.

Ejecución de H. H. Holmes

Ejecución de H. H. Holmes

 

Nací con el demonio dentro de mí. No pude evitar el hecho de ser un asesino más que el poeta puede evitar la inspiración para cantar. Nací con El Maligno presente como mi padrino junto a la cama en la que fui traído al mundo, y ha permanecido conmigo desde entonces.

H. H. Holmes

 

Pixel Art: H. H. Holmes como el Doctor Fred en Maniac Mansion (1987)